31 de marzo de 2009

El cine perro [Polémica [1]

A propósito de la crítica publicada por Andrés Martín de MARLEY Y YO, quise reflexionar sobre el cine al que representa la película de Franquel. A diferencia de lo que piensa el Sr. Martín, se trata de un cine lleno de prejuicios (familia que huye de la delincuencia a una majestuosa mansión), infantiloide (los conflictos planteados sólo tienen un enfoque, supeditados a la nula construcción de personajes) y con metraje desmesurado que se solidifica en un tramo final agónico. Pongamos, pues, nombre a este cine.

Los nuevos tiempos necesitan de nuevo cine. O mejor dicho, el cine debería reflejar el tiempo en el que se circunscribe. Películas acordes a problemáticas actuales. Se cae, por defecto, en un cine fácil tanto por temática como por recursos. Se trata de un cine perro, quieto, ciego a los cambios, como si de un producto en serie se tratara, sólo se conforma con mantener las formas, predecible, sin dejar lugar a la sorpresa.

Ese tipo de cine des-actualizado es un cine idóneo. Si nos referimos a número de público, el que consume siempre la misma cosa, es un cine útil para llenar salas. Por tal motivo, idóneo para la industria que lo fabrica con la misma receta, la del éxito garantizado: actores guapos y simpáticos, sentimentalismo desbordado y tramposo, narración clásica al servicio de lo comedido. Y lo que sobresale por encima de todo, idóneo ideológicamente: moralidad apostólica-católica de matrimonio feliz que supera cualquier dificultad (siempre el equilibrio como fin), maternidad numerosa de niños rubios con ojos azules y…el perro, de raza, puro. Un cine idóneo que respira elitismo. El cine que no hace preguntas, sino el que plantea una única respuesta.

Nada de eso responde a la realidad. Nuevas formas de familia alejadas de lo patriarcal (el machismo determinista ya no funciona: “hago lo que quiero y cuando quiero”); crisis económica mundial que endeuda al mejor columnista de cualquier diario de renombre; incluso, perros abandonados, maltratados que se pasean por calles y plazas de la ciudad. ¿Dónde está todo eso?

La denominada “nueva” comedia norteamericana ha dado títulos imperdibles. En los que a temáticas ya conocidas se hace un planteo desde otro lugar, el que corresponde en tiempo y forma. Ahí reina, sin lugar a dudas, las obras de Ben Stiller, hermanos Farrelly y el mundo de Judo Appatow. Ahora que corren tiempos de crisis económico-creativas se rescatan los clichés y el valor seguro de la risa-lágrima fácil.

El cine perro es un cine limitado. Preso de un recipiente prefabricado, que no promete sino (nos) propone el mismo cuento de siempre: ese clasicismo narrativo complaciente en otras épocas, rancio en la actual. MARLEY Y YO es el cine con pedigree, sin aristas, sin pulgas.

26 de marzo de 2009

El cine en cuatro patas [Polémica [1]

[Controversia. Discusión de opiniones entre dos o más personas]

MARLEY Y YO de David Frankel, EEUU, 2008
1. John (Owen Wilson) y Jennifer Grogan (Jennifer Aniston) son una joven pareja recién casada y como todos al principio, están llenos de proyectos y con enormes expectativas de crecer profesionalmente y lógicamente, en su nueva vida matrimonial.

La armonía reina en ese hogar. Parecen estar siempre de acuerdo hasta que ella comienza a desear la llegada de un hijo. Por esto mismo, John por consejo de un amigo decide regalarle un cachorrito, para que pueda saciar (momentáneamente) el instinto maternal aunque sea por un tiempo a través de la presencia del perrito.

Así, de esta manera, es como Marley (bautizado en honor a Bob) ingresa en la vida familiar de los Grogan. Marley es un labrador, su comportamiento (típico de cachorro) es indomable: rompe todo, no descansa, come todo el día y no deja que sus padres adoptivos tengan un instante de calma.

Sin embargo, a pesar de ello, el rey de la desobediencia –por supuesto- terminará conquistando a sus dueños. A medida que pasa el tiempo y mientras el perrito sigue rompiendo todo lo que se le cruza, comienzan a llegar los hijos: primero uno, luego dos y por último, el tercero.
También surgen las primeras crisis de pareja, los cambios de trabajo, las mudanzas y otras tantas cosas relacionadas con la crisis de la mediana edad.

2. En principio, “Marley y yo” supone (o promete) ser una película prototípica de un perro y sus andanzas y travesuras con su respectivo final feliz: es más de esta manera y de acuerdo a lo que vimos en el tráiler, se la vende como una película cuasi-infantil. Hasta podemos afirmar –con tono de denuncia– que los adelantos en las salas de esta película, se proyectaban en las funciones de los más recientes estrenos de producciones dirigidas a ese público.

3. Sin embargo, más allá de esta avivada marketinera, es necesario precisar que esta realización elude esos clichés a través de los cuales quisieron vendérnosla. “Marley y yo” sorprende. Sorprende, entre otras cosas, por su clasicismo narrativo. Sorprende por esos personajes tan fluidos y de algún modo tan queribles aunque suene un poco cursi y trillado.

Además, en esta película flota cierto aire de naturalidad y nitidez, y lógicamente vinculado a un montaje transparente arraigado a la idea del cine clásico hollywoodense de los años 50, por establecer una fecha estimada. Porque desde el punto de vista formal, o narrativo, esta producción (de) muestra una solidez cuya consistencia quizás no haya prueba más concluyente que la de contemplar, esa sujeción a esa mano invisible tan tradicional del periodo clásico.

A lo largo de la historia del arte cinematográfico hay (hubo) películas cuya eco, derivado de un simbolismo que les hace trascender el mensaje que desprende de los términos estrictos de narración, alcanzan un nivel mucho más alto del que cabría esperar de sus meros valores fílmicos, ya sean éstos materiales o formales. Por esto mismo, “Marley y yo” supera cualquier prejuicio y muta en algo inusual, alejado de moldes obtusos, incluso, hasta llegar a esbozar significaciones desde un costado poco pretencioso lo que la tornan en una película rematadamente adulta.

Podríamos sintetizar al argumento de esta película como la historia de vida de un perro: desde la adopción de la mascota hasta su vejez enmarcada dentro de las vicisitudes de una familia. Pero “Marley y yo” es mucho más que eso y justamente, es lo que buscamos resaltar de esta realización dirigida por David Frankel.

4. Por último y para ir terminando este comentario, digamos más allá de ciertos desbordes sentimentales y de un final puramente lacrimógeno (acaso no hay algo más hermoso que llorar en el cine) esta película consigue lo que otras (muchas, muchísimas) de tono más serio, solemne y presumido no consiguen por más que lo anhelen: armar un relato sobre la madurez, la resignación, las responsabilidades, las desarticulaciones y las ilusiones que vamos experimentando y sobrellevando con el paso del tiempo.

[Andrés Martín_www.elrincondelcinefilo.com.ar]


4 de marzo de 2009

[Charnego]


Y nos dejó Pepe,
el gran Rubianes.
El charnego más ilustre de Barcelona.
De risa insurgente, bufón republicano
y gallego de corazón.
Se fue Pepe,
el gran comediante de Canaletes.

[Inmigrante de una región española de habla no catalana]