29 de septiembre de 2010

EL ULTIMO EXORCISMO

THE LAST EXORCISM de Daniel Stamm, EEUU, 2010


Hay un lugar dónde las creencias religiosas, llevadas al máximo extremo, llevan al ser humano a cometer salvajadas. Sólo basta nombrar la lapidación de una mujer por haber cometido adulterio en Irán. Esta sinrazón instaura la idea de que “el diablo está en todas partes”, y más cerca de lo que nos pensamos. En ese lugar se sitúa THE LAST EXORCISM de Daniel Stamm. Una película que plantea una doble lectura. Ésa es su principal baza.

Uno, la lectura cinematográfica. La película se acomoda a las reglas que establece el sub-género del cine de terror vinculado a los exorcismos. La sugestión es mayor ya que el espectador se sumerge en dicha propuesta por partida doble: todo lo que conlleva la película con posesión y, por otro lado, el visionado de un formato pseudo-documental, rodada en cámara en mano, redobla el realismo, siempre presente en este tipo de películas (desde la mismísima EL EXORCISTA). Cabe recordar la consigna “el diablo es omnipresente”. Esta presunta cotidianidad es lo terrorífico del asunto. Ahora bien, la crudeza de las imágenes convive con el tono paródico que se ajusta a las características del producto de serie B, con una divertida y convincente actuación de Patrick Fabian, el exorcista.

Dos, la lectura sociológica. ¿Cómo una sociedad se enfrenta a sus temores y miedos? En pleno siglo XXI, hay casos reales en los que la posesión demoníaca justifica los comportamientos inusuales de una joven chica, en este caso embarazada, quedando afuera de cualquier tipo de diagnóstico psiquiátrico ó psicológico. Y pasa en sociedades alejadas de lo urbano, pequeñas, detenidas en el tiempo, en las que la mismísima Inquisición obra como justicia.

La película no defrauda al espectador, porque en ningún momento juega con él. Y eso en el cine de terror actual es casi un imposible. No hay trampas, vueltas de guión, ni efectismos baratos al estilo REC de Jaume Balagueró y Paco Plaza. Y, por último, su visionado perspicaz plantea una duda: ¿quién es el diablo?



27 de agosto de 2010

AQUEL QUERIDO MES DE AGOSTO


La película del director portugués Gomes es un acontecimiento. Remite a todos aquellos que vivimos el pueblo y su verano. Porque el verano es radicalmente distinto en un contexto urbano ó rural. El verano del pueblo está repleto de fiestas, orquestas en las plazas, fuegos artificiales, reencuentros, procesiones religiosas, tardes interminables, noches luminosas…y esos amores inolvidables. Todo eso y más. O quizás la memoria ensalza algo tan lejano. Incluso, recuerdos en la frontera entre la realidad y la ficción. Lo que es discernible es la banda sonora de ese verano en el pueblo. Esas canciones inundan ese tiempo detenido, convirtiéndolo en mágico. Gomes plantea un ejercicio original, entre triángulos amorosos y género documental, formulando al espectador la pregunta “qué estoy viendo”. Uno, al final, responde qué suerte la mía de haberla visto…vivido. Ese verano en el pueblo, siempre agosto, ya termina…


AQUEL QUERIDO MES DE AGOSTO de Miguel Gomes, POR-FRA, 2008
Editada por EMERALD (Argentina), zonas 1 y 4


13 de agosto de 2010

ROBOT Y VAGAGUNDO


El primer plano de TIEMPOS MODERNOS muestra una oveja negra en medio de un rebaño. Esa nota discordante representa a Chaplin, el vagabundo inolvidable. En épocas de tecnificación masiva, en la que las máquinas sustituyen al hombre, Chaplin construye su teoría con imágenes y sonidos. El avance tecnológico había llegado años atrás también al cine, lo que supuso el final de la era muda. Chaplin consciente de sus limitaciones o, quizás, temeroso por tal cambio dirigió su película de una forma magistral: la filmó como si cine mudo se tratara e introdujo algún diálogo, sonoro sólo a través de las máquinas y artefactos que aparecen en pantalla. Y claro un gag final que forma parte de la historia del cine. Aquél en el que, por primera vez, escuchamos la voz de Chaplin en una canción con letra ininteligible.

La teoría de Chaplin, discutida incluso con el mismísimo Gandhi, se trasladó a diversos escritos y, como no, a su cine. Una teoría que se distancia de los dos polos ideológicos dominantes en ese contexto histórico. El capitalismo causante de un desarrollo industrial sin precedentes que conlleva el crecimiento de una clase marginal excluida. Por otro lado, el comunismo muy alejado de las necesidades reales de los excluidos. Por encima de todo eso, nada más y nada menos, está la persona y su soledad, sintetizada en la figura del vagabundo llamado Chaplin. Una visión, por cierto, muy filosófica.

Otro paso más en la evolución tecnológica en la industria cinematográfica es el paso de lo analógico a lo digital. Un referente, Pixar, que ha dignificado el último cine de animación, dándole el mismo peso a la historia que se cuenta y al desarrollo técnico imparable. WALL-E, la película de Andrew Stanton, es un ejemplo claro. Ese entrañable robot también es una oveja negra. Sólo queda él en esa Tierra convertida en vertedero. Consecuencia de un capitalismo basado en un consumismo voraz. Ya lo decía Freud en El malestar de la cultura: el hombre es un Dios con prótesis y la prótesis del hombre es la técnica. Heidegger apuntaría que el hombre es un gran Dios con prótesis que lo domina todo, hasta devastarlo. A lo que Pixar precisaría que lo único que nos quedará de humano, en un futuro no muy lejano, residirá en sus creaciones, en este caso, artefactos útiles que satisfacen las necesidades humanas. En una palabra, robots. Wall-E es, al igual que Chaplin en TIEMPOS MODERNOS, lo humano en la historia que se nos cuenta.

Esta última idea es la distancia más cercana entre estas dos películas. En cuanto a términos ideológicos en el contexto histórico, en WALL-E tanto capitalismo y comunismo –ya extinguido—son lo mismo. Similar análisis en TIEMPOS MODERNOS, antes de la 2ª Guerra Mundial, y WALL-E, después del desmoronamiento del bloque comunista tras la caída del muro de Berlín. Sólo el amor, por primera vez, tanto para Chaplin y Wall-E es la única respuesta para superar las dificultades.

WALL-E tiene una hora inicial de metraje de auténtico cine mudo de animación. Ese robot es nuestro Chaplin digital.


TIEMPOS MODERNOS de Charles Chaplin, EEUU, 1936

WALL-E de Andrew Stanton, EEUU, 2008



30 de julio de 2010

ANÍBAL


Aníbal preparaba minuciosamente los equipos de proyección el último sábado de cada mes. A la tarde sus compañeros y amigos asistían a su Cine Club. Compartían emociones, reflexiones y aplausos. Como colofón, después de la película, una cena repleta de risas, brindis y conversaciones. Ese sábado era de Aníbal. Aníbal se fue y dejó video proyector, equipo de sonido y pantalla gigante. Y nadie sabe cómo hacerlos funcionar. Y eso que Juan le dijo una y otra vez “enséñame que yo te ayudo”. Aníbal les quería regalar a sus amigos un viaje al infinito y, para ello, se convertía en mago, apagaba las luces y empezaba la proyección. Aníbal ya no está y ese sábado ya no volverá a tener luz, al menos, la misma luz. Sólo quedan los versos en el corazón del último aplauso…


Una estrella más en el cielo azul,
una estrella más perdió mi tango.
En un vuelo gris se marchó al cenit
a buscar su tema más amargo.
Sus tangos hablaban del cielo,
su musa tentaba su vuelo.
Pudo más su afán y tras él se fue,
donde nunca más podrá volver.

¡Adiós!
Tu estrella te llamó.
Y tú te fuiste tras su voz.
Sin ver que no regresarás
sin poder ni decir adiós.
Serán tus manos de marfil.
Será, eterna tu canción,
y tu podrás, tal vez,
escuchar adiós, adiós...

[Adiós maestro_José Rótulo]