27 de agosto de 2010

AQUEL QUERIDO MES DE AGOSTO


La película del director portugués Gomes es un acontecimiento. Remite a todos aquellos que vivimos el pueblo y su verano. Porque el verano es radicalmente distinto en un contexto urbano ó rural. El verano del pueblo está repleto de fiestas, orquestas en las plazas, fuegos artificiales, reencuentros, procesiones religiosas, tardes interminables, noches luminosas…y esos amores inolvidables. Todo eso y más. O quizás la memoria ensalza algo tan lejano. Incluso, recuerdos en la frontera entre la realidad y la ficción. Lo que es discernible es la banda sonora de ese verano en el pueblo. Esas canciones inundan ese tiempo detenido, convirtiéndolo en mágico. Gomes plantea un ejercicio original, entre triángulos amorosos y género documental, formulando al espectador la pregunta “qué estoy viendo”. Uno, al final, responde qué suerte la mía de haberla visto…vivido. Ese verano en el pueblo, siempre agosto, ya termina…


AQUEL QUERIDO MES DE AGOSTO de Miguel Gomes, POR-FRA, 2008
Editada por EMERALD (Argentina), zonas 1 y 4


13 de agosto de 2010

ROBOT Y VAGAGUNDO


El primer plano de TIEMPOS MODERNOS muestra una oveja negra en medio de un rebaño. Esa nota discordante representa a Chaplin, el vagabundo inolvidable. En épocas de tecnificación masiva, en la que las máquinas sustituyen al hombre, Chaplin construye su teoría con imágenes y sonidos. El avance tecnológico había llegado años atrás también al cine, lo que supuso el final de la era muda. Chaplin consciente de sus limitaciones o, quizás, temeroso por tal cambio dirigió su película de una forma magistral: la filmó como si cine mudo se tratara e introdujo algún diálogo, sonoro sólo a través de las máquinas y artefactos que aparecen en pantalla. Y claro un gag final que forma parte de la historia del cine. Aquél en el que, por primera vez, escuchamos la voz de Chaplin en una canción con letra ininteligible.

La teoría de Chaplin, discutida incluso con el mismísimo Gandhi, se trasladó a diversos escritos y, como no, a su cine. Una teoría que se distancia de los dos polos ideológicos dominantes en ese contexto histórico. El capitalismo causante de un desarrollo industrial sin precedentes que conlleva el crecimiento de una clase marginal excluida. Por otro lado, el comunismo muy alejado de las necesidades reales de los excluidos. Por encima de todo eso, nada más y nada menos, está la persona y su soledad, sintetizada en la figura del vagabundo llamado Chaplin. Una visión, por cierto, muy filosófica.

Otro paso más en la evolución tecnológica en la industria cinematográfica es el paso de lo analógico a lo digital. Un referente, Pixar, que ha dignificado el último cine de animación, dándole el mismo peso a la historia que se cuenta y al desarrollo técnico imparable. WALL-E, la película de Andrew Stanton, es un ejemplo claro. Ese entrañable robot también es una oveja negra. Sólo queda él en esa Tierra convertida en vertedero. Consecuencia de un capitalismo basado en un consumismo voraz. Ya lo decía Freud en El malestar de la cultura: el hombre es un Dios con prótesis y la prótesis del hombre es la técnica. Heidegger apuntaría que el hombre es un gran Dios con prótesis que lo domina todo, hasta devastarlo. A lo que Pixar precisaría que lo único que nos quedará de humano, en un futuro no muy lejano, residirá en sus creaciones, en este caso, artefactos útiles que satisfacen las necesidades humanas. En una palabra, robots. Wall-E es, al igual que Chaplin en TIEMPOS MODERNOS, lo humano en la historia que se nos cuenta.

Esta última idea es la distancia más cercana entre estas dos películas. En cuanto a términos ideológicos en el contexto histórico, en WALL-E tanto capitalismo y comunismo –ya extinguido—son lo mismo. Similar análisis en TIEMPOS MODERNOS, antes de la 2ª Guerra Mundial, y WALL-E, después del desmoronamiento del bloque comunista tras la caída del muro de Berlín. Sólo el amor, por primera vez, tanto para Chaplin y Wall-E es la única respuesta para superar las dificultades.

WALL-E tiene una hora inicial de metraje de auténtico cine mudo de animación. Ese robot es nuestro Chaplin digital.


TIEMPOS MODERNOS de Charles Chaplin, EEUU, 1936

WALL-E de Andrew Stanton, EEUU, 2008



30 de julio de 2010

ANÍBAL


Aníbal preparaba minuciosamente los equipos de proyección el último sábado de cada mes. A la tarde sus compañeros y amigos asistían a su Cine Club. Compartían emociones, reflexiones y aplausos. Como colofón, después de la película, una cena repleta de risas, brindis y conversaciones. Ese sábado era de Aníbal. Aníbal se fue y dejó video proyector, equipo de sonido y pantalla gigante. Y nadie sabe cómo hacerlos funcionar. Y eso que Juan le dijo una y otra vez “enséñame que yo te ayudo”. Aníbal les quería regalar a sus amigos un viaje al infinito y, para ello, se convertía en mago, apagaba las luces y empezaba la proyección. Aníbal ya no está y ese sábado ya no volverá a tener luz, al menos, la misma luz. Sólo quedan los versos en el corazón del último aplauso…


Una estrella más en el cielo azul,
una estrella más perdió mi tango.
En un vuelo gris se marchó al cenit
a buscar su tema más amargo.
Sus tangos hablaban del cielo,
su musa tentaba su vuelo.
Pudo más su afán y tras él se fue,
donde nunca más podrá volver.

¡Adiós!
Tu estrella te llamó.
Y tú te fuiste tras su voz.
Sin ver que no regresarás
sin poder ni decir adiós.
Serán tus manos de marfil.
Será, eterna tu canción,
y tu podrás, tal vez,
escuchar adiós, adiós...

[Adiós maestro_José Rótulo]

13 de julio de 2010

CIERTO HOMBRE SOLO


Hace dos años y éste es el tercero que llegué a Buenos Aires en busca de un desconocido. Me quedé para encontrar a mi padre. Tal ausencia en mi vida, convirtió mi viaje en una necesidad personal que no podía dilatarse por más tiempo. Nunca olvidaré aquella noche en la que recibí la llamada. Ese momento de la madrugada que no augura nada bueno, las cuatro de la mañana. Pregunté descosido de incertidumbre con un qué pasa. Lautaro respondió “ya está”. No había por que preocuparse, o sí. Desde ese momento casi no dormí, el insomnio conquistó las horas de sueño y sólo tenía en mente cruzar el Atlántico. Porque detrás de la sentencia de mi amigo Lautaro, prosiguió “nos queda poco tiempo”.

El mismo insomnio, imposible de imaginar, lleno de lágrimas que mi padre tuvo que cargar durante toda su vida. Todo terminó en la España ensangrentada del 39. Mi padre escapaba de la miseria de los perdedores en una posguerra aún peor que cualquier batalla en el frente. Huída hacia un horizonte lejano y en busca de un futuro. Dejaba tras de sí una mujer embarazada, mi madre. Su intención sacrificarlo todo para que su familia tuviera esperanza y pudiera, tarde o temprano, escapar de una tierra arrasada por la desgracia y la desolación. El destino, Argentina. Otro de esos barcos que surcaba todo un océano lleno de hambre y, también, de sueños. Pero, sobre todas las cosas, cargado de toneladas de dolor. Todavía no puedo entender cómo ese barco no se hundió.

Lautaro tenía la respuesta. Fue ancla a mi pasado. La persona que confíe durante unos años la búsqueda de mi padre. Lautaro era niño en uno de esos barcos. Se forjó como persona en la ciudad porteña. Era lo más parecido a lo que, quizás, mi padre hubiese querido. El destino hizo que me encontrara con Lautaro en uno de esos encuentros de Republicanos en el exilio. A uno de esos tantos que frecuenté en busca de respuestas. Nunca olvidaré aquel café en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Allí, mi amigo a partir de ese momento me hizo una promesa. La cumplió.

Me convertí en inmigrante. De hecho, tengo la impresión que siempre lo fui. Al menos así me sentí durante toda mi existencia. Madre murió de pena en el mismo parto. Siempre huérfano en tierra ajena, el mismo país que me hizo perder todo. Fueron mis tíos quienes se ocuparon de mí. Crecí con la incertidumbre de no saber dónde. Viví durante tantos años en soledad. Pero mi suerte había cambiado. Por fin, de una vez por todas, sabría de mis raíces, de mis adentros más profundos.

Sólo necesitaba una respuesta a tantas preguntas. ¿Por qué? ¿Cuál fue el motivo por el que mi padre no volvió a España? ¿Cuál fue la causa que le impidió conocer a su hijo? ¿Sabía de mi existencia? El interminable abrazo con Lautaro en la terminal de Ezeiza, me hizo aterrizar de una vez por todas. Sólo con la mirada supe que mi padre ya no estaba. Con mucho esfuerzo, acabó teniendo su propio negocio gastronómico en una de las esquinas de Once, muy cerca del Hospital Español. Trabajador como ninguno, hablaba lo imprescindible. Se casó. No tuvo hijos. Enviudó años atrás. Murió solo.

Sigo en Buenos Aires intentando explicar los motivos de su ausencia. Quizás ya los entienda, quizás nos los quiera ver. No caben reproches en mi corazón. Soy inmigrante, cierto hombre solo. Hace dos años y éste es el tercero que llegué a Buenos Aires en busca de un desconocido. Me quedé para encontrarme.